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1. Jesús (la paz sea con el) en el Islam

Jesús (la paz sea con el) en el Islam

Para comprender el rango, misión y enseñanza de Jesús, es importante y necesario comprender la Unidad de Dios o Monoteísmo Puro que el Islam enseña. Al comprender el verdadero significado de lo que es monoteísmo, se lograra aclarar y mostrar el verdadero mensaje de Jesús (as), mensaje el cual los musulmanes seguimos  en su pureza original, tal y como el mismo Mesías para el pueblo de Israel predico y transmitió a su pueblo.

El Islam restablece de forma concreta, el mensaje principal y mayor mandamiento que Jesús (la paz sea con él) enseño y dejo claramente establecido. El cual era la adoración a Un solo Dios. (Marcos 12:29). Los musulmanes seguimos firmemente este mandamiento, siguiendo el bello ejemplo de Jesús (la paz sea con él), puesto que nos postramos ante el mismo Dios que él se postro, rogamos al mismo Dios que el rogo y dependemos del mismo Dios del cual el dependía,  aceptando totalmente la voluntad de Dios, tal y como decía Jesús; “Que se haga tu voluntad”. Musulmán significa: Sometido a la voluntad de Dios.

El Islam devuelve el estatus que Dios Alabado sea, le concedió a Jesús (la paz sea con él) “Mesías del pueblo de Israel”, respetándole, aceptándole y dándole su lugar como Profeta y Mensajero de Dios. El rango de respeto  que el Islam otorga a Jesús (la paz con el), es totalmente contrario a la negación absoluta del pueblo judío, quien le rechazo y aun sigue rechazando.

El Islam cree firmemente que la misión de Jesús (la paz con el), fue confirmar y hacer valer la ley que Moisés (la paz sea con él), había dejado para el pueblo judío. No abrogar la ley ni a los Profetas. (poner cita bíblica). Otro de sus objetivos era llevar el mensaje de Moisés a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Las cuales estaban dispersas en otras tierras, por la persecución del Rey Nabucodonosor.

Jesús (la paz con el) confirmo claramente las profecías dadas a Moisés (paz con el), (Deuteronomio 18:18), anunciando que era mejor su partida, puesto que Dios Alabado Sea les iba a enviar un Consolador el cual iba a mostrarles toda verdad puesto que iba a hablar todo lo que escuchara de Dios. (Juan 16: completar citas). Claramente Jesús (paz con el) hace referencia a un Mensajero de Dios, puesto que el mismo dice que “Hablara” característica única de los humanos.

El Profeta Muhammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), quien fue el anunciado por Jesús (paz con el), ha sido el máximo defensor del Mesías de Israel en la historia, el Sagrado Corán y el Profeta del Islam, han exhortado al pueblo judío durante los últimos 15 siglos a reconocer y aceptar el mensaje de Jesús (paz con el). De igual forma el Sagrado Corán defiende la posición de su madre, María (Dios este complacido con ella), librándola de toda falsa acusación, dándole un elevado rango entre todas las mujeres.

2. Diferencias Islam Cristianismo

Diferencias Islam Cristianismo

El Islam reconoce a Jesús (la paz con el) como Profeta, Mensajero de Dios y Mesías para el pueblo de Israel, mas no como hijo de Dios o Dios mismo en una trinidad. La biblia menciona repetidas veces la palabra hijo, primogénito, unigénito, haciendo referencia a otros Profetas, también se les llama hijos de Dios a las personas de buen carácter e hijos del diablo a las personas perversas. (citas bíblicas solo números). Esto nos refleja que la palabra “Hijo” se utiliza de manera metafórica, nunca de manera literal. Un argumento válido e innegable a la razón e incompatible con la grandeza de Dios, es el aceptar que Dios siendo Eterno y Todopoderoso, hubiese muerto 3 días, mas grave aun asesinado por Su propia creación. Esto Dios nos perdone, pondría a Dios en una posición limitada y deficiente.

El Islam nos enseña que Dios es Uno, sin socios ni coparticipes en Su Reino, no engendra ni ha sido engendrado, creemos en el concepto que Dios es Creador, y todo lo que es creado por Dios adora al Creador, Jesús desde el punto de vista Islámico es creación de Dios al igual que Adán y todos los seres humanos. El Islam restablece el monoteísmo puro, librándonos de creencias fabricadas por culturas e imperios como el romano, los cuales distorsionaron la verdadera esencia del mensaje de Jesús (as), que en su forma original nos invitaba a creer y Adorar a Un solo Dios.

El creer que un ser Justo como Jesús (paz con el) pago los pecados del mundo, es también algo que el Islam nos enseña a rechazar, pues iría en contra de la Justicia Divina y Perfecta de Dios. Sería inadmisible  e injusto, si alguno de nosotros o de nuestra descendencia tuviera que pagar por el delito cometido por nuestros padres o abuelos, no siendo responsables de tales actos, la idea de un pecado original es algo que va en contra de la Justicia de Dios, esta creencia “Dios nos perdone” lo pondría en la posición de un Dios muy injusto, pues por el pecado de Adán y Eva, millones de personas están condenadas, teniendo que pagarlo y padecerlo, sin ser responsables, esta creencia sin fundamento no puede considerarse nunca como Justicia Divina. El Islam nos enseña que cada ser humano es responsable de sus actos ante Dios, El que busca perdón lo busca directamente de Dios, sin necesitar caminos ni redentores o la muerte de personas Justas como Jesús (la paz sea con el) a cambio del perdón de nuestras propias faltas. El perdón fue establecido por Dios desde el inicio de la humanidad, de la única forma posible, la cual es el arrepentimiento sincero ante Dios el Creador, no ante Sus criaturas, Dios Alabado Sea lo sabe todo y lo ve todo, no necesita de intermediarios para conocer nuestros corazones y necesidades.

Respecto a la segunda venida de Jesús(paz con el), el Islam nos enseña por medio de la Revelación Coránica, que Jesús (paz con el) fue librado de morir en la cruz, cumpliendo con su misión y objetivo en este mundo, el cual era hacer valer la ley y llevar el mensaje a las ovejas perdida de la casa de Israel, las cuales por medio de las evidencias históricas con las cuales se puede comprobar, habían emigrado a Cachemira y Afganistán, lugar al que llego muriendo posteriormente de edad avanzada al finalizar su misión. El Corán afirma que Jesús (paz con el) no retornara por segunda vez, pues solo una vida terrenal tenemos y nadie vuelve después de la muerte hasta el día en el que todos seremos juzgados.

Jesús (paz con el) había anunciado la llegada del Profeta del Islam Mohammad (paz y bendiciones de Dios sean con el) el cual traería la ley final, El Islam, que no es mas que la culminación de todos los mensajes anteriores, dando honor y merito al sacrificio de todos los Profetas de Dios, recuperando sus bellas enseñanzas, para así poder practicar la misma religión y forma de adoración de Noe, Abraham, Moisés, Jesús y miles de Profetas mas que llegaron a toda la humanidad en diferentes épocas. El Sagrado Corán encierra el mensaje Universal de todos ellos. El Sagrado Corán es protegido por Dios mismo, hecho que podemos comprobar, observando que en 15 siglos no ha sufrido alteración alguna, conservándose intacto y libre de contradicciones, interpolaciones, adiciones (mas libros) omisiones (menos libros) como se observa en otras escrituras religiosas. En conclusión Jesús (paz con el) en el Islam es uno de los grandes Profetas y Mensajeros de Dios, quien padeció persecución al igual que todos los verdaderos Profetas, pero Dios Alabado Sea le dio un alto rango en esta vida y en la otra. Los musulmanes creemos firmemente que Jesús (paz con el) es el Mesías para el pueblo de Israel, creemos que Dios Alabado Sea le salvo de una muerte maldita en la cruz, emigrando luego hacia las tribus perdidas de la casa de Israel, concluyendo su misión antes de morir y ser llevado hacia su Señor.

La Comunidad Musulmana Ahmadía, fue fundada en el año 1889, por Hazrat Mirza Ghulam Ahmad en Qadián, India, quien fue discípulo fiel de las enseñanzas del Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con el), quien por mandato Divino estableció la Comunidad Ahmadia para dar cumplimiento a la labor de guiar a la humanidad en esta época, bajo las enseñanzas del Sagrado Corán y la practica del Profeta Mohammad (paz y bendiciones de Dios sean con el), mostrando la belleza del verdadero mensaje conciliador del Islam e invitando a la humanidad a la Adoración de Un solo Dios.

La llegada de un Reformador había sido anunciada 1,500 años antes, por el mismo Profeta del Islam (la paz de Dios sea con el), al igual que en todas las religiones. Dicho Reformador no traería una ley nueva, su tarea seria darle cumplimiento a la ultima ley revelada por Dios “El Corán”. Su titulo seria Imam Mahdi (Guía espiritual) para los musulmanes y Mesiah o Mesías  (bendecido), para el resto de la humanidad. El Imam (Guía) de esta época aparecería cuando la mayoría de musulmanes abandonaran la verdadera práctica Islámica y el resto de la humanidad olvidara los valores morales y espirituales. Invitando y mostrando las bondades y Misericordia de Dios con la humanidad.

Si desea ampliar la información sobre estos temas y todo lo relacionado al Islam, comuníquese con nosotros, fraternalmente estaremos esperando sus dudas y comentarios.

3. La mujer en el Islam

La mujer en el Islam

El Islam nos ofrece la guía perfecta para el establecimiento de una sociedad pacífica e ideal. Para que dicha sociedad sea una realidad y subsista de manera estable, debe existir un sistema social que defienda los derechos y responsabilidades de cada individuo. Tal sistema generaría un equilibrio entre el papel y el estatus del hombre y la mujer, situando a la mujer al mismo nivel del hombre, en lo que a derechos respecta. La verdad desconocida por Occidente es que el Sagrado Corán otorgo dichos derechos a la mujer hace 1500 años. En este resumen definiremos los derechos que disfruta la mujer musulmana, como algunos otros temas relacionados con la mujer y su lugar en la sociedad.
Trato hacia la mujer en el Islam          

Antes de exponer la posición de la mujer en el Islam, es importante entender en qué condiciones se encontraba la mujer antes de la aparición del Islam. En la Arabia Pre-Islámica, así como en el resto del mundo, su condición era similar a la de los esclavos o subordinados sin derecho alguno. La mujer no poseía ningún derecho sobre su propiedad o derecho a herencia. En asuntos domésticos carecía de derechos sobre sus hijos e incluso sobre sí mismas. De hecho, podía ser puesta a la venta o abandonada por su marido arbitrariamente. No tenía opción al divorcio aún siendo víctima de abuso por parte de su esposo. Las mujeres carecían de estatus en la sociedad y no eran respetadas como esposas, madres o hijas. De hecho, a las hijas se las consideraba inútiles y a menudo se les asesinaba al nacer. La educación que recibían era escasa o nula y no disfrutaban de voz ni voto en asuntos religiosos, al considerarse su capacidad limitada en el ámbito intelectual y espiritual.

Esta situación degradante aún existía en el siglo XIX, en muchas partes del mundo, como Europa y  EE.UU. Donde la mujer comenzó a disfrutar de sus derechos básicos a comienzos del siglo XX. Sin embargo desde el siglo VI, la situación de la mujer cambió drásticamente con la aparición del Islam. Prácticamente de la noche a la mañana, se confirió a la  mujer derechos similares a los del hombre, eliminando todo rastro de abuso, situándola al mismo nivel del hombre. En el Sagrado Corán, Dios dice claramente que ha creado iguales a los hombres y a las mujeres:          

 “¡Oh, humanos! Os hemos creado de varón y hembra; y os hemos constituido en clanes y tribus para que os reconozcáis mutuamente. En verdad, el más honorable de entre vosotros, a la vista de Al-lah, es el más justo de vosotros”. Ciertamente Al-lah es Omnisciente, Conocedor de todo.
(Capitulo 49 Versículo 14)

 Este versículo por sí solo elimina cualquier trazo de inferioridad que fuera impuesto a las mujeres por los hombres. El Sagrado Corán además asegura la igualdad de la mujer a nivel, intelectual, social y económico. Los derechos de la mujer también han sido salvaguardados por el Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) al tratar él mismo a las mujeres con gran honor, amabilidad y dignidad según los mandamientos de Dios.

El estado espiritual de la mujer musulmana

La transformación más importante que el Islam produjo en las mujeres fue la elevación de su estado espiritual. Dios afirma claramente en el Sagrado Corán que la mujer posee un alma y posee la misma capacidad espiritual que el hombre, pudiendo obtener una recompensa espiritual igual a la del hombre a través de su propio esfuerzo. El Sagrado Corán dice:
 
“Pero quien hace buenas obras, sea hombre o mujer, y es creyente, entrará en el Cielo...” (4:125)
 
El Sagrado Corán es la única entre todas las Escrituras que hace hincapié en esta igualdad dirigiéndose tanto al hombre como a la mujer en muchos versículos. No deja lugar a dudas respecto al nivel espiritual de la mujer. El Sagrado Corán dice:
 
“En verdad, los hombres que se someten a Dios y las mujeres que se someten a Él, y los hombres y mujeres que creen, los hombres y mujeres obedientes, los hombres y mujeres veraces, los hombres y mujeres perseverantes en su fe, los hombres y mujeres humildes, los hombres y mujeres que dan limosnas, que ayunan, guardan su castidad, los hombres que recuerdan mucho a Al-lah y las mujeres que Lo recuerdan mucho: para todos ellos Al-lah ha preparado Su perdón y una magnífica recompensa”. (33:36)

El estado intelectual de la mujer musulmana
 
Un plano en el que la mujer musulmana supera a otras mujeres es en el campo de la educación. El Islam hace hincapié en que la educación es igualmente importante para hombres como para mujeres, y el Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) declaró que la educación es obligatoria para ambos. Dijo:

 “La adquisición de conocimiento es una obligación para todos los hombres y mujeres musulmanes”.

También exhortó  a ambos a “buscar conocimiento aunque hubiera que viajar a China” y “buscar conocimiento de la cuna a la tumba”.
 
El Sagrado Corán dice:
 
“Él concede la sabiduría a quien le place. Y a quien se le da la sabiduría se le concede un bien excelente; y nadie se acuerda excepto los dotados de conocimiento”. (2:270)
En otras palabras, sólo quienes meditan pueden entender las señales de Dios y acercarse a Él. El Sagrado Corán también nos enseña una breve oración que dice:
 
“Oh, señor mío, aumenta en mí el conocimiento”. (20:115)
 
En cumplimiento de estos mandamientos, las mujeres musulmanas, especialmente las mujeres de la Comunidad Musulmana Ahmadía, están dotadas de buena educación. El Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) afirmo en una ocasión que “la mitad del conocimiento de la religión islámica se puede aprender de Hazrat Aysha (su esposa)”. De hecho, tras el fallecimiento del Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con él), mucho del conocimiento Islámico llego a través de los relatos de Hazrat Aysha, caso único en diferencia a otras religiones que nunca aceptaron los comentarios de esposas y mujeres que acompañaron a los Profetas anteriores al Islam. En la actualidad, las mujeres musulmanas se dedican a diversas profesiones dentro de todos los campos profesionales y educativos.

El Profeta Mohammad (la paz sea con él) nos dejo clara la importancia del status de la mujer en el Islam como lo vemos en las siguientes condiciones y formas de trato hacia ellas que son obligatorias para los verdaderos creyentes:

Como hija: “Aquel que educa bien a sus hijas y no hace distinciones entre ellas y sus hijos, estará en el paraíso”
Como esposa: “El mejor entre vosotros es quien mejor trata a su esposa”
Como madre: “El paraíso esta a los pies de vuestra madre”

En estas advertencias y consejos del Profeta del Islam (la paz de Dios sea con el), a quien Dios le dio la tarea especial de salvaguardar los derechos de la mujer, podemos notar que el Paraíso de una sociedad estable en este mundo y el Paraíso Celestial de la otra vida, lo puede conseguir el hombre respetando el alto rango que Dios le concedió a las madres, esposas e hijas.

Es interesante recalcar que en la misma época en que el Islam produjo tal ilustración en la mujer, en Europa, cualquier mujer que manifestara cualquier tipo de conocimiento, corría el riesgo de ser quemada en la hoguera por brujería. Además, hasta el siglo XX en la mayoría de las universidades, incluyendo los EE.UU., no se admitía a las mujeres en niveles superiores, en ese mismo siglo no fue hasta el año 1919 en Italia, que las mujeres casadas tuvieron derecho sobre sus propiedades, así podríamos suscitar muchas fechas y lugares, pero la intención de este folleto es hacer ver a la mujer actual que todos estos derechos fueron otorgados a las mujeres 15 siglos atrás, no por protestas feministas si no por revelación de Dios.

4. Yihad

Yihad

El Islam rechaza y condena el Terrorismo

El Islam y el terrorismo son diametralmente opuestos, como la luz lo es a la oscuridad, la vida a la muerte o la paz a la guerra.
El Islam no permite la guerra, ni causar daño a otras religiones o a sus seguidores, para su propia difusión.
El Terrorismo, sea del tipo que sea, está en contra de las enseñanzas islámicas y de la práctica del Profeta Mohammad (la paz sea con el).

Paz y hermandad

El Islam invita, enseña y exige a los verdaderos creyentes, poner en práctica una vida de paz y hermandad, basándose en los fundamentos Coránicos de Paz y Tolerancia. La fuerza bruta puede ser empleada para inclinar la cabeza de un hombre, pero nunca puede ganar su corazón. Es el amor el que conquista el corazón. Una palabra de afecto y cariño es más eficaz que cualquier espada de acero. La Comunidad Internacional Musulmana Ahmadía es conocida en todo el mundo por su lema “Amor para todos; Odio hacia nadie”, y condena firmemente todos los actos de terrorismo.

No hay coacción en el Islam

El Islam prohíbe el uso de la fuerza o la coacción para la difusión de su mensaje. Cada ser humano es libre para creer o no creer. El Sagrado Corán declara:

No ha de existir coacción en la religión. Ciertamente, lo recto ha quedado separado de lo erróneo….. (Corán 2:257)

Mohammad: una misericordia para el universo

Somos los seguidores del Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con el), que recibió el título de “Misericordia para el Universo” por parte de Dios. Aspiramos a conquistar los corazones de la gente a través del amor, el afecto, la racionalidad y la verdad.

El Verdadero Significado Islámico de la Yihad

“Jihad” es un término árabe que puede traducirse por “perseverancia”, “talento para esforzarse”, luchar contra las propias pasiones como la mentira, la vanidad, la arrogancia, el abuso sobre los mas necesitados, etc. También significa ejercer el “Derecho Universal” a defenderse única y exclusivamente por salvaguardar su propia vida. La comunidad Musulmana Ahmadía inicio hace 120 años un “YIHAD” o lucha, utilizando como única arma la pluma y la tinta, el buen ejemplo, el amor al prójimo, el respeto a la humanidad en general sin poner barreras culturales, religiosas, étnicas, etc. Poniendo en práctica para mostrar al mundo, los verdaderos y únicos valores morales existentes en el Islam. Este “YIHAD” o “Esfuerzo” fue iniciado con el único propósito de mostrar, invitar y exhortar al ser humano a la adoración del Único Dios, quien no tiene par ni coparticipes en Su reino.
La “Yihad” es el esfuerzo espiritual que se realiza para ganar la proximidad a Dios
La “Yihad” es esforzarse en ser una persona respetuosa con la ley
La “Yihad” es la lucha contra las tendencias propias e inclinaciones malvadas
La “Yihad” es un esfuerzo consciente que todo musulmán se auto impone realizar a lo largo de su vida

Conceptos erróneos sobre la Yihad

Es frecuente oír convocatorias a la “Yihad” o a la “Guerra Santa” en el mundo musulmán. Se representa como una “obligación” que se impone a todo musulmán. Esto es a la vez verdadero y falso dependiendo de lo que se entienda como “Yihad”.
Si por “Yihad” se entiende el “esfuerzo permanente para someter el propio ego y acercarse a Dios”, entonces, efectivamente, la “Yihad” es un deber para todo musulmán. Realmente este “Yihad” es también una obligación para todos los creyentes de las distintas religiones.
Pero si se toma “Yihad” como sinónimo de guerra militar o de actividades terroristas, entonces ciertamente que NO es un deber para los musulmanes.

Todos los musulmanes deben rechazar y condenar las interpretaciones injustas y erróneas del concepto de Yihad.

Lo que NO es Yihad:

La Yihad NO es una guerra que se emprende para la difusión del Islam
La Yihad NO se emprende para subyugar y exterminar a la gente que no cree en el Islam
La Yihad NO es una guerra para ayudar al Islam a que triunfe sobre otras religiones
La Yihad NO tiene nada que ver con las actividades terroristas
Hazrat Mirza Tahir Ahmad 4º Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadia (1928-2003) Refiriéndose al verdadero concepto de Yihad, describió lo siguiente:

“En lo que se refiere al Islam, este rechaza y condena de manera tajante toda forma de terrorismo. El Islam no facilita ninguna justificación ni pretexto para ningún acto de violencia, tanto si es cometido por un individuo, por un grupo o por un gobierno…Yo condeno de la forma más enérgica todos los actos y todas las formas de terrorismo, porque es lo mas sagrado y arraigado de mi creencia, que no sólo el Islam, sino cualquier religión verdadera, sea cual sea su nombre, no puede aprobar la violencia y el derramamiento de sangre de hombres, mujeres y niños inocentes en el nombre de Dios”
“La indulgencia con el terrorismo, aun en nombre de los objetivos más nobles es totalmente incompatible con las enseñanzas del Islam” 

El Sagrado Corán y el Concepto de Yihad

El Sagrado Corán es el único Libro Divino que absuelve a todos los profetas de las falsas creencias que los acusan de haber utilizado la fuerza o la coacción para la difusión de su mensaje. Es por tanto, inconcebible, que el Corán ordenara al Profeta Mohammad (la paz sea con el) o a los musulmanes en general, que derramaran sangre para la propagación del mensaje del Islam.
El Sagrado Corán invita a los musulmanes al “Gran Yihad” (Esfuerzo o Perseverancia). Pero lo ordena únicamente en relación con las enseñanzas compasivas del Corán.

“No obedezcas pues a los incrédulos y esfuérzate contra ellos, utilizándole (al Corán), en un esfuerzo audaz” (Corán 25:53).

El versículo anterior es esencial respecto al concepto del “Yihad”. El verdadero “Yihad” es, por tanto, el esfuerzo por ganarse los corazones y las mentes de los no musulmanes mediante la verdad, la belleza y la racionalidad de las enseñanzas del Corán. Las “Armas” a emplear aquí no son las espadas y los fusiles, sino las palabras de amor, el poder de la escritura y sobre todo las oraciones y súplicas a Dios Todopoderoso.
El derecho, en defensa propia, a rechazar a un enemigo es la norma aceptada por todas las religiones, incluyendo al Islam.
El Sagrado Corán sólo aprueba las guerras libradas en defensa propia, para salvaguardar la libertad religiosa y para proteger los lugares de oración.

El Sagrado Corán declara:

“Se da permiso para combatir a quienes son atacados, porque han sido perjudicados, y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles” (Corán 22:40)

“…y si Al-lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Allah…” (Corán 22:41)

La Proclamación del Fundador de la Comunidad Ahmadia respecto a la Yihad

El Profeta Mohammad (que la paz sea con el), profetizó que el Mesías Prometido, que habría de aparecer en los Últimos Días, pondría fin a las guerras (religiosas)
En 1889, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián India, declaró ser el Mesías Prometido (e Imam al-Mahdi ) quien fuera anunciado el Profeta Mohammad (la paz sea con él). Estableciendo bajo mandato Divino la Comunidad Musulmana Ahmadía. Emprendió diversas tareas para la reforma de los musulmanes y para convocar a la humanidad a adorar al Único Dios Verdadero.

El Mesías Prometido declaró que la “Yihad” que implicaba una lucha armada quedaba ahora prohibida, mientras que la tarea de luchar por la “Gran Yihad”, es decir, la “Yihad contra uno mismo” era aún más imperativa.

Afirmó que esto haría iniciar una nueva era de paz en la que, metafóricamente, el cervatillo y el león beberían de la misma fuente. Sus innumerables escritos contienen estas advertencias y consejos:

En una de sus expresiones poéticas el Fundador de la Comunidad escribe:

Abandonad el pensamiento de ocuparos ahora de las guerras, ¡oh amigos!: ahora está prohibido (haram) ir a la guerra o derramar la sangre por la causa de vuestra fe (el Islam).
Ahora el Mesías (“El Prometido”) que ha llegado es el Imam (líder religioso) de la fe; ahora se acaban todas las guerras (de violencia) por causa de la fe.
Ahora es el tiempo de que la Luz de Dios descienda desde los Cielos; ¡no tiene sentido emitir un edicto a favor de la batalla y de la lucha!
Mohammad –el Profeta Elegido- había proclamado de antemano que el Mesías Prometido detendría todas las guerras (religiosas)
Mirza Ghulam Ahmad anunció, además, que todo musulmán que desafiara su requerimiento y declarara una Yihad armada, sufriría la derrota y la humillación.
Desde que publicó este edicto hace más de 100 años, los musulmanes no han encontrado más que el fracaso en todas las guerras que han denominado erróneamente como “Yihad”. En cada ocasión han sufrido la derrota, por violar la orden clara del Mesías Prometido.

Resumiendo todo lo anterior, Islam significa paz, condena el terrorismo y violencia. Busca establecer la hermandad en todos los pueblos de la tierra.



5. Estableciendo la paz

Estableciendo la paz

Hadrat Mirza Masrur Ahmad
Jefe Supremo de la
Comunidad Ahmadiyya
Internacional

Existen diversas religiones en el mundo actual. La mayor parte de dichas religiones se hallan confinadas a sus respectivos países o áreas concretas. La mayoría de los creyentes de dichas religiones pertenecen a un país o una región determinados y algunas de las grandes religiones tienen presencia en diferentes partes del mundo.

Se afirma que los cristianos encabezan la lista, seguidos de los musulmanes, a continuación están los hindúes, los budistas y los judíos. Si miramos alrededor, los seguidores de distintos credos, de distinta manera y en diferentes lugares, se encuentran entregados a una lucha para expresar su superioridad en el campo de sus intereses. En general, según estas religiones, la rivalidad por sus derechos e intereses no debe ser atribuida a su religión sino que se concibe como una lucha por la libertad y la autonomía o por los derechos de un país en particular.

Sin embargo, cuando los musulmanes, luchan por los mismos derechos, el mundo apunta de inmediato como objetivo, a las enseñanzas islámicas y las condena como responsables de la violencia. A los musulmanes o a la religión islámica se les presenta como una religión de terror. Se podría aceptar que esto pudiera ser debido a las acciones erradas de algunas de las así llamadas “organizaciones musulmanas”; sin embargo, la respuesta reflejada de estas organizaciones también se debe a la doble moral  e injusta, en los juicios que imperan entre las superpotencias.

Yo no excuso, bajo ningún concepto, los actos de las autodenominadas “organizaciones yihadistas”, pero considero necesario expresar que, si las naciones poderosas entendieran sus responsabilidades y no utilizaran el doble juicio que es aplicar sobre otros lo que ellos no cumplen en si mismos, entonces podría establecerse en el mundo la verdadera justicia.

Si esto no sucede, entonces tendremos que aguardar ver por nosotros mismos el resultado. Hace casi cien años que las naciones acordaron mutuamente abolir las guerras y vivir en paz, pero la verdad es que no han tenido éxito en detener dichas guerras ¿cuál es la razón? La respuesta, como acabo de mencionar, es que se aplican dobles estándares a la hora de impartir justicia.

No obstante, no es mi propósito hablar de este tema. Deseo, en estos próximos minutos, hablarles sólo de las enseñanzas de amor y hermandad que son vitales para la existencia del componente más pequeño de las sociedades, como para las relaciones internacionales.

Quiero decirles también una cosa importante: Podemos conseguir la paz en este mundo, si la mayoría de los creyentes, sean de la religión que sean, son capaces de desarrollar dentro de sí el temor ante su Señor.

Nosotros, los musulmanes áhmadis creemos firmemente que, a menos que nos volvamos hacia Dios, todos nuestros esfuerzos en busca de la paz serán en vano. Es por este mismo propósito por el que Al-lah el Todopoderoso ha enviado en la época presente a Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) de Qadián, India, para unir a la gente en las bellas enseñanzas del Islam, y para llamar la atención de la humanidad a honrar y cumplir los derechos del hombre. Con la luz de esta admirable enseñanza islámica, los musulmanes áhmadis la transmiten a todo el mundo y la ilustran con su ejemplo.

Quisiera presentarles algunas de las excelentes enseñanzas del Sagrado Corán, de forma que ustedes, puedan ser conscientes de que el Islam no es una religión terrorista, sino que, al contrario, nos ofrece un verdadero mensaje de paz.
Al-lah dice en el Sagrado Corán:
Sois el mejor pueblo que se ha hecho surgir para el bien de la humanidad; ordenáis lo bueno y prohibís lo malo… (C. 3: V.111)

Esta es la lección fundamental que le ha sido dada a los musulmanes para crear modelos de elevada moral y fomentar la paz en el mundo. Afirma que sois la mejor gente, o que seréis la mejor gente, sólo cuando seáis benefactores de las criaturas de Dios, promováis la bondad y evitéis el mal.

Luego, Al-lah Todopoderoso dice:

…Y ayudaos uno al otro en la piedad y en la rectitud; y no os ayudéis mutuamente en el pecado y la transgresión… (C. 5: V.3)

Por lo tanto, se advierte para quienes van dirigidas estas palabras, que no transgredan ni ayuden a nadie en la transgresión. Cualquier persona sensata conoce el significado de la palabra transgresión. Todo el que viola los derechos de su vecino es reo de transgresión. Todo el que atenta contra la ley de su país es un transgresor. Todo el que se permite cualquier vicio o corrupción es culpable de transgresión.

Tras ordenar ayudarse mutuamente en las buenas obras, abandonar el pecado y el exceso, el Sagrado Corán señala cuáles son las buenas obras:

Y los siervos del Dios Clemente son quienes caminan por la tierra de manera digna, y, cuando el ignorante se les dirige, le contestan con la palabra “¡paz!” (C.25: V.64)

En otras palabras, esta gente verdaderamente piadosa, camina por la tierra sin ninguna arrogancia. Se les reconoce por su humildad. Hacen todo lo posible para evitar verse envueltos en cualquier conflicto. ¿Cómo podría esperarse que el hogar de dicha persona pueda ser origen de disputas, o que sus vecinos estén molestos con él o que fuera capaz de cometer un acto ilegal? Ciertamente que no lo haría.

A continuación, el Islam nos enseña que si somos capaces de desarrollar unas cualidades morales tan excelsas, nos convertiremos en receptores del amor del mismo Dios Todopoderoso. Así afirma Al-lah:

Aquellos [los temerosos de Dios] que gastan en la prosperidad y en la adversidad, quienes suprimen la ira y perdonan a los hombres; pues Al-lah ama a quienes hacen el bien. (C.3: V.135)

A los musulmanes se les ordena gastar en el camino de Dios. Se ha mencionado en otro lugar que es fundamental ayudar al pobre y al necesitado, y difundir la verdadera palabra del Islam. Esto es primordial para todo el que desee fomentar la paz en la tierra.

La ira también forma parte de la naturaleza humana. Cuando alguien sufre la opresión o es ultrajado, la reacción natural es la ira. En este versículo, sin embargo, se nos ordena que suprimamos la ira y desarrollemos el hábito del perdón, puesto que si somos capaces de suprimir la ira y perdonar, estaremos realizando una buena acción, y Al-lah ama a quienes hacen el bien a los demás.

A alguno se le podría cruzar por la mente la siguiente pregunta ¿por qué frente a estas enseñanzas de perdón, se observa sin embargo que existieron batallas y confrontaciones en la historia primitiva del Islam? ¿Por qué se libraron tales guerras en el periodo del Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él)?

Antes de discutir este aspecto, debo mencionar que las enseñanzas del Sagrado Corán se hallan en conformidad plena con la naturaleza humana. Todos sus mandamientos se centran en el desarrollo de la paz y la disciplina en la sociedad. Por ejemplo, si también se perdonase a todos los criminales, la sociedad entera sufriría sus delitos. Por lo tanto, el Islam afirma que el verdadero propósito es erradicar el mal. Si la reforma puede tener lugar mediante el perdón y la buena acción, actuar así es correcto; pero si no es posible, entonces el asunto ha de ser sometido a la ley, y el que comete malas acciones debe ser castigado.

Sin embargo no han de cometerse excesos, pues el propósito verdadero del castigo es la reforma y no la pura venganza. Esta es la admirable enseñanza que nos da el Islam.

Veamos ahora de qué manera y bajo qué circunstancias tuvieron lugar las batallas en las que lucharon los musulmanes. Cuando el Fundador del Islam, el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) declaró que había sido enviado como Profeta de Dios, predicó el mensaje de que debía adorarse a un Dios único y abandonar la adoración de los ídolos. Dichos ídolos (que se hallaban colocados en la Kaaba) eran obra del hombre, y como tales no podían conceder nada. Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) invitó a su gente a acudir a Aquel que cuida de cubrir todas y cada una de las necesidades humanas, él y quienes creyeron en sus enseñanzas fueron perseguidos de la manera cruel, y algunos fueron masacrados de la forma más brutal: amarrados a dos camellos a los que se hacía correr en dirección opuesta, desmembrando a la víctima en pedazos.

Como consecuencia de esta tortura y de la persecución, el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y sus compañeros musulmanes emigraron a Medina. Incluso allí, no se les dejó en paz, y los paganos de la Meca, tras culminar sus preparativos, atacaron a los musulmanes en Medina. Dios Todopoderoso consideró que era la última gota que desbordaba el vaso, y permitió a los musulmanes luchar en defensa propia contra los incrédulos, tal como afirma el Sagrado Corán:

Se da permiso para combatir a quienes son combatidos, porque han sido perjudicados –y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles. Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: “Nuestro Señor es Al-lah” – y si Al-lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Más Al-lah ayudará en verdad a quien Le ayude. Al-lah es ciertamente Fuerte, Poderoso -. (C.22: V.40-41)

Fue en estas circunstancias en las que se permitió a los musulmanes que respondieran a los incrédulos. Al ser agredidos, Al-lah el Todopoderoso les prometió que les ayudaría. Así, un grupo de trescientos hombres, físicamente débiles y mal pertrechados para la batalla, se enfrentaron y finalmente vencieron a un ejército de más de un millar de infieles, bien armados y equipados para la guerra.

Al-lah el Todopoderoso afirma de manera clara que “Si Yo no os ayudara, entonces una determinada religión empezaría a atacar a otra religión, destruyendo así la paz”. La religión es un asunto que concierne al corazón. No está permitido el empleo de la fuerza en la difusión de la misma. Si a uno no le gusta un determinado credo, no debe seguirlo. Al declarar que no existe coacción en los asuntos de la religión, el Islam ha otorgado la libertad religiosa a todo el mundo para que adopte la religión que desee.

Lo que pretendo decir, en resumen, es que, cuando se concede el permiso para la batalla, se concede sólo con el propósito de defenderse, de mantener la paz y detener el terror. El Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) siempre adoptó el camino del perdón y de las buenas acciones, como Al-lah el Todopoderoso ha ordenado.

Ya he mencionado la crueldad y persecución a que fueron sometidos los musulmanes en la Meca y los distintos ataques llevados a cabo posteriormente en su contra. Debemos tener en consideración este escenario cuando dirigimos nuestra mirada al momento en que los musulmanes ganaron la victoria final en la Meca, ocho años después de su emigración forzada.

Una mayoría de los musulmanes perseguidos, muchos de los cuales aún vivían, recordaban los crueles sufrimientos a los que habían sido sometidos, al igual que sus esposas y descendientes.

En aquel momento, un fuerte ejército de diez mil musulmanes consiguió entrar finalmente en la Meca. Sin embargo, en ese mismo momento, el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) declaró: “Soy el mensajero de paz para el mundo. Amo a la humanidad y soy enemigo de la tiranía y la persecución. Por lo tanto, Oh habitantes de la Meca: hoy os digo que no seréis castigados, a condición de que no luchéis. Podéis practicar la religión que deseéis. Nadie os interrogará por lo que hicisteis.” Su magnanimidad y perdón se extendieron incluso a personajes como Ik´rima, el enemigo más acérrimo del Islam que incluso había atacado a los musulmanes en el día de la amnistía.

El Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) le perdonó, cuando este se encontraba en plena huida, ante la súplica de su mujer. El Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) aconsejó a todos sus compañeros musulmanes que perdonaran de pleno corazón a sus enemigos más encarnizados, que en otros tiempos les habían perseguido, y sometido a todo tipo de torturas. En consecuencia, todos ellos perdonaron a sus enemigos. Estos fueron los elevados estándares morales de perdón mostrados por el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y sus compañeros. No solo perdonaron sino que les mostraron afabilidad, porque el propósito real era establecer la paz y no ajustar las cuentas. A la vista de esta bella retribución hacia sus enemigos, éstos sintieron un sincero amor y gratitud hacia los musulmanes, y comenzaron a vivir unidos bajo su estandarte.

Este perdón y las buenas acciones consiguientes fueron puestos en práctica porque el Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) y sus compañeros deseaban ganar el agrado de Dios Todopoderoso. No tenían en su mente ningún interés personal, ni tampoco ningún deseo de mostrar su superioridad. Su único anhelo era que el mundo reconociera a su Creador y establecer Su Reino en la tierra.

Por consiguiente y si anhelamos la paz, en lugar de echar la culpa al Islam o a cualquier otra religión, sepamos que la paz solo puede establecerse si nos unimos todos por la causa del bien de la humanidad y con el objetivo de ganar el agrado de nuestro Creador.

Ojala el mundo entienda este principio y abandone su falso ego, de forma que este mundo maravilloso creado por Dios se convierta en un paraíso para Sus criaturas.









6. Por qué yo creo?

Por qué yo creo?

Hazrat Mirza Bashirud-Din Mahmud Ahmad segundo sucesor del fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadia.

Se me ha pedido que declare por qué creo en el Islam. Cuando me formulé la pregunta, la respuesta obtenida fue, que por la misma razón que creo en cualquier otra cosa, es decir, porque es la verdad. Una respuesta más detallada sería que, en mi opinión, la doctrina central de todas las religiones es la existencia de Dios y la afinidad entre el hombre y Él; por lo cual, la religión que logre establecer una afinidad genuina entre Dios y el hombre tiene que ser verdadera; y la verdad de una fe es; por supuesto, razón suficiente para creer en ella.

El Islam afirma que el Creador del universo es un Dios vivo y que en esta época se revela a sus criaturas de igual manera que en tiempos pasados solía revelarse. Esta afirmación puede examinarse de dos maneras distintas: Dios se manifiesta directamente al que le busca o llegamos a creer en Dios estudiando la vida de una persona a quien Dios se revelase. Como por la gracia de Dios soy uno de aquellos a quienes Dios se ha revelado muchas veces, y de modo sobrenatural, para creer en la verdad del Islam no necesito otra razón que la de haber experimentado en mi propia persona su verdad.

Sin embargo, en beneficio de los que no han pasado por experiencia semejante paso a exponer las razones que por aparte de mi propia experiencia, se debe el que yo crea en el Islam.

En primer lugar, creo en el Islam porque no me obliga a admitir todo aquello que en conjunto, sólo por el principio de autoridad, se llama Religión, sino que me da argumentos concluyentes en apoyo de sus doctrinas. La existencia de Dios y la naturaleza de sus atributos, los ángeles, la oración y sus efectos, los mandatos divinos y su alcance; la oración y su necesidad, la Ley divina y sus beneficios, la revelación y su importancia, la resurrección y la vida en el más allá, el cielo y el infierno; con respecto a cada uno de ellos, el Islam ha dado explicaciones minuciosas, afirmando su verdad con argumentos sólidos satisfactorios para la razón. Así pues, el Islam no sólo me da una fe, sino también la certeza del saber que satisface mi intelecto y le obliga a admitir la necesidad de la religión.

En segundo lugar, creo en el Islam porque no se basa sólo en las experiencias de gentes pasadas, sino que invita a todos a experimentar personalmente lo que enseña y garantiza. Afirma que toda verdad puede comprobarse de algún modo en este mundo y por lo tanto, satisface a mi razón.

En tercer lugar, creo en el Islam porque enseña que no puede haber oposición o discrepancia entre la palabra y la obra de Dios, solucionando así el supuesto conflicto entre la ciencia y la religión. No me pide ignorar las leyes naturales ni creer en cosas en abierta contradicción con las mismas; al contrario, me exhorta a estudiarlas y a sacar provecho de ellas. Me enseña que, “siendo la revelación de origen divino y Dios el Creador del universo, no puede haber discrepancia entre lo que Él hace y lo que Él enseña. Me invita, pues, a estudiar Su obra, y para percatarme de su significación, a estudiar Su palabra, colmando así mi anhelo intelectual.

En cuarto lugar, creo en el Islam porque no trata de prohibir o censurar mis deseos naturales, sino que los lleva por los cauces apropiados. Arrancanco totalmente mis deseos no me reduce al estado de piedra, ni dejándolos sin freno ni control me reduce al estado de bestia, sino que, como el ingeniero hidráulico experimentado que doma las aguas desbocadas y las hace fluir por los causes haciendo florecer las zonas áridas, convierte mis deseos naturales en cualidades altamente morales al darles el control y la orientación convenientes. No me dice que Dios me ha dado un corazón amante, pero luego me prohíbe elegir una compañera de por vida, o que me ha dotado con el sentido del gusto y la capacidad de apreciar los buenos manjares, pero me ha prohibido comerlos. Al revés, me enseña a amar con pureza de modo tal, que asegure, a través de mi descendencia, la perpetuación de mis buenos propósitos. Me permite consumir los manjares gustosos, más dentro de ciertos límites, para que no me sacie dejando pasar hambre a mi vecino. Así, convirtiendo mis deseos naturales en cualidades de alta moralidad, satisfaciendo plenamente mi naturaleza.

En quinto lugar, creo en el Islam porque no sólo me ha tratado a mí con justicia y amor, sino también a todo el mundo. Además de enseñarme a cumplir mis deberes para conmigo mismo, insiste en que trate como es debido a todos y todas las cosas, habiéndome orientado debidamente al respecto. Por ejemplo, llama la atención sobre los derechos de los padres y los deberes de los hijos para con ellos. Exhorta a los hijos a ser obedientes, y cariñosos con sus padres, haciendo a éstos herederos de aquéllos. Por otra parte, ordena que los padres muestren amor y afecto por sus, hijos y les impone el deber de educarlos bien, cultivando sus buenas cualidades y mirando por su salud, haciéndoles por tanto herederos suyos.

De modo similar, ordena que exista la afinidad más perfecta entre marido y mujer, y exige de cada uno que muestre la debida consideración ante las necesidades y deseos del otro, y que ambos se tengan un cariño reciproco. Esto lo expuso bellamente el Fundador del Islam (Mohammad La paz de Dios sea con el), al decir: La persona que maltrata de día a su mujer y la ama de noche se comporta en abierta contradicción con la hermosura de la naturaleza humana. También dijo: “Los mejores de vosotros son aquellos que mejor tratan a sus mujeres”. Y también: “La mujer es frágil como el vidrio; por ello los hombres deberían tratar con delicadeza y ternura a las mujeres, igual que harían con un objeto hecho de vidrio”.

El Islam ha puesto énfasis especial en la educación e instrucción de las jóvenes. Ha dicho el Profeta (saw): «Gana el paraíso la persona que educa bien a su hija y le da una buena instrucción y una buena educación». El Islam ha hecho de las hijas, juntamente con los hijos, herederas de sus padres.

Además, ha fijado normas justas para orientación de gobernantes y gobernados. Dice a los gobernantes que la autoridad de que han sido investidos no es de su pertenencia personal, sino un depósito; y que han de cumplir a la perfección las obligaciones adjuntas en su calidad de personas honorables y honradas; debiendo gobernar consultando al pueblo. Dice a los gobernados que, como don de Dios, se les ha otorgado el poder de elegir a sus gobernantes; y que, por tanto, deben cuidar de investir de autoridad gubernativa únicamente a aquellas personas que de verdad lo merezcan; y que después de transferirles dicha autoridad deben prestarles plena colaboración y no rebelarse contra ellas, pues si lo hacen tratan sólo de demoler lo construido con sus propias manos.

También ha reglamentado los derechos y. deberes del patrono y empleado. Dice al patrono que ha de dar lo suyo al operario antes incluso de que el sudor se haya secado en su cuerpo; y que no debe mirar de arriba abajo a los que trabajan para él porque son sus hermanos cuya custodia le ha sido confiada por Dios y son además, los verdaderos obreros de su prosperidad. Por ende, no debe ser tan negligente que quiera destruir lo que constituye su propio sostén y la base de sus bienes y fortuna. Dice al obrero que cuando tenga entre manos un trabajo destinado a quien sea, cumpla con su deber honestamente y con la atención y diligencia correspondientes.

Dice a los que rebosan de salud y vigor que no opriman a los débiles ni traten despectivamente a los que padecen de defecto físicos, pues éstos, antes de un desprecio, deben mover a la compasión. Dice a los ricos que tienen el deber de cuidar de los pobres, y que todos los años han de reservarles 1/40 de sus bienes, a fin de emplearlo en el alivio de la pobreza y las desgracias, y para que progresen los que carecen de medios de progreso. Les enseña a no aumentar la impotencia de los pobres prestándoles dinero a usura; mas bien, a ayudarles con regalos y préstamos voluntarios, haciendo hincapié en que la riqueza no se da al hombre para que se pase la vida nadando en el lujo y el desenfreno, sino que ha de usar de ella para que avance toda la humanidad, haciéndose así merecedor de la mejor recompensa en esta vida y en la otra. Por otro lado, también enseña al pobre a no envidiar ni codiciar lo que a otros se diera, ya que sentimientos tales nublan poco a poco la mente del hombre y le incapacitan para desarrollar aquellas buenas cualidades que se le han otorgado. En consecuencia, invita al pobre a desarrollar las aptitudes que Dios le concediera a fin de que avance por caminos provechosos. Ordena a los Gobiernos a dar facilidades formativas a los sectores más pobres de la comunidad, no permitiendo que la riqueza y el poder íntegros los acaparen unos cuantos.

A aquéllos cuyos antepasados lograron dignidades y honores en premio a sus nobles esfuerzos, les recuerda que su deber es mantenerlos por sus propios esfuerzos, exhortándolos a que no desprecien a los que no obtuvieron los mismos favores, porque Dios hizo iguales a todos los humanos. Les recuerda que Dios quien ha concedido estos honores, puede conceder honores aun mayores a los demás y que si hacen mal uso de la posición social que les fuera conferida y pecan contra los que no consiguieran dones similares, sentarán por sí mismos la base de futuras extralimitaciones por parte de los mismos de los cuales ahora abusan. Así, pues, no deben enorgullecerse propagando su propia grandeza, sino tener de orgullo ayudar a los demás a ser grandes, pues la verdadera grandeza es la del que trata de ayudar a levantarse al hermano caído.

El Islam enseña que las naciones y Estados deben cooperar con el objetivo de promover los intereses de toda la Humanidad. Prohíbe a determinadas Naciones, Estados e individuos unirse entre sí para conspirar contra otras naciones, Estados o individuos. Enseña además, que las Naciones, Estados e individuos deben llegar a un entendimiento para abstenerse mutuamente de todo acto de agresión, colaborando en el progreso de los subdesarrollados.

En resumen, encuentro que el Islam establece condiciones de paz y bienestar para mí y para todos los que deseen ir por el camino que el Islam enseña, quien quiera que sea, sean lo que sean y estén donde estén.  Desde mi punto de vista, hallo que el Islam es igualmente beneficioso para mí y para los míos, para mis vecinos, para la gente que no conozco y de la que ni siquiera he oído hablar, para hombres y mujeres, para mayores y jóvenes, para el patrono y el obrero, para el rico y el pobre, para las naciones grandes y pequeñas, para los internacionalistas y los nacionalistas; y que de este modo establece una afinidad firme y segura entre mi Creador y yo.

Creo en El. Porque, en efecto, ¡cómo podría renunciar a Él y aceptar otra cosa en su lugar!



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