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Hazrat Ahmad (la paz de Al-lah sea con él) su fundador


El mesías prometido

Presentamos un breve relato de la vida y misión del fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él), a quien consideramos como el Imam Mahdi (guía y reformador) y Mesías (bendecido), de la época presente cuya venida estaban y siguen aguardando los seguidores de todas las religiones.

 Hazrat Ahmad (la paz sea con el) nació el 13 de febrero de 1835 en Qadián, una remota y pequeña aldea perdida en el Punjab, India, lugar carente de todo tipo de comunicaciones con el resto del mundo. Era descendiente de un famoso jefe de origen persa llamado Halli Barlas, que en su tiempo llegó a gobernar el Asia central.

Hazrat Ahmad (la paz sea con él) recibió su educación elemental en su propia casa, mostrando desde la infancia una gran indiferencia hacia los aspectos materiales. Dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio del Sagrado Corán y lectura de libros religiosos islámicos, así como la oración a Dios Todopoderoso. De igual forma también aceptó responsabilizarse de algunas tareas domésticas y familiares que le fueron encomendadas, pero su falta de interés en los asuntos mundanos era motivo de gran preocupación para su padre.

En aquel tiempo, mediados del siglo XIX, el Islam estaba siendo violentamente atacado en la India por los misioneros cristianos y por una secta hindú llamada Aria Samaj. Ante esta situación y entristecido por el lamentable estado de los musulmanes que eran incapaces de defender el honor del Profeta Mohammad (paz y bendiciones de Dios sean con él), como a su propia fe. Hazrat Ahmad (la paz sea con él) asumió la responsabilidad de defender al Islam. A partir del año 1882 comenzó a destacar como un erudito y elocuente orador y a la vez un distinguido predicador del Islam, su lucha la desarrollaba  por medio de la publicación de artículos en la prensa local y la publicación de sus primeros cuatro libros que crearon un gran impacto en aquella época, así como su participación en diversos debates religiosos.

En ese mismo año, en 1882, recibió una revelación divina en la que Dios le informaba que le había designado ser el Restaurador del mensaje del Islam, declarando que reestablecería sobre la tierra la fe que de ella había desaparecido. La etapa decisiva de su vida llegó en 1890 cuando anunció, por mandato divino, que él era el Reformador esperado cuyo advenimiento había sido profetizado por el Profeta Mohammad (la paz de Dios sea con él), y esperado durante siglos por los musulmanes. Al igual que en las profecías de todas las grandes religiones del mundo sobre la llegada de alguien que restablecerá el único y verdadero mensaje de Dios. Esta declaración suscitó la ira de los clérigos musulmanes a lo largo y ancho de la india, quienes al igual que los fariseos y escribas que se opusieron a Jesús, se sentían inmensamente celosos de las enseñanzas de Hazrat Ahmad (la paz sea con él) y de su supremacía espiritual. Estos musulmanes ortodoxos no solo le condenaron como incrédulo y apóstata sino que incitaron a las masas a asesinarle.

Dándole cumplimiento a profecías provenientes de todas las escrituras religiosas y las anunciadas por el Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), Hazrat Ahmad (la paz sea con él) durante el resto de su vida hasta que falleció el 26 de mayo de 1908, cumplió plenamente la colosal tarea de establecer la superioridad del Islam sobre todas las demás religiones del mundo. Le fue devuelta al Islam su gloria original y el proyecto que fue iniciado a través del mandamiento explícito de Dios Todopoderoso, continúa siendo llevado a cabo por sus sucesores (Califas)  y seguidores, que propagan la belleza del Islam en todos los continentes de la tierra.

Hazrat Ahmad (la paz sea con él) fue un hombre de gran estatura espiritual y de la misma manera al igual que sucedió con todos los profetas, la maldad y sufrimientos de la humanidad pesaron gravemente sobre sus hombros. Oró igual por sus amigos que por sus enemigos y pidió a Dios que bendijera a los primeros y mitigara el castigo de los segundos. No deseó ningún mal ni siquiera a sus mas acérrimos enemigos y afirmaba:

"no considero a nadie en el mundo como enemigo mío. No siento odio hacia los individuos sino solo a las falsas creencias que mantienen" .

Poseía una mente liberal y estimulaba a sus discípulos a que hicieran estudios religiosos comparativos pues estaba convencido que la clave del triunfo del Islam estaba en la difusión del conocimiento y la lucidez mental.
Su humildad le llevo a iniciar su misión con timidez y cuando la carga le resultaba difícil de soportar depositaba toda su confianza solo en Dios. Publicó las revelaciones que recibía de Dios aun cuando parecía que por su propio carácter iba a frustrar el cumplimiento de su objetivo; sus consejeros le sugerían en ocasiones que determinados pasos eran inoportunos y sus adversarios le ridiculizaban; sin embargo solo prestó obediencia a los mandamientos Divinos. Tal como escribió:
"La religión consiste en que nuestro estado, acciones, movimientos y condiciones estén regulados por la voluntad de Dios y Su Mensajero".

La Comunidad Musulmana Ahmadía que fundó en 1889, siempre ha estado enfrentada a una oposición amarga, ofensiva y muchas veces violenta, sin embargo rápidamente fue reconocida con asombro, como las fuerza religiosa más dinámica que defendía la causa del Islam. En la actualidad la Comunidad Musulmana Ahmadía posee más de doscientos millones de fieles en todo el mundo repartidos en 197 países y unidos por un lazo universal de amor y hermandad. Los musulmanes áhmadis, como nos hacemos llamar, estamos consagrados al servicio de la humanidad. Nuestro espíritu de entrega y dedicación es apreciado profundamente en todo lugar donde la Comunidad se establece. Hemos construido cientos de millares de mezquitas en distintos países así como escuelas y hospitales en zonas necesitadas del tercer mundo. También hemos realizado la traducción del Sagrado Corán a todas las lenguas principales, entre ellas el español. Nuestro trabajo misionero ha inaugurado una nueva tradición en el Islam. Este trabajo, sostenido económicamente mediante las aportaciones voluntarias de los fieles y organizado por personas dedicadas a la causa de Dios, hace la diferencia entre el resto de musulmanes. La Comunidad Musulmana Ahmadía no da lugar a que ninguna barrera de color, raza, lengua o nacionalidad se interponga en este camino de devota entrega para promover la unificación de la humanidad a través del Islam.

Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él), explica cuál es el fin de esta Comunidad:

"El objetivo de fundar esta Comunidad es conseguir un grupo de hombres bondadosos que sean modelo de rectitud y virtudes, para que un gran número de estas personas virtuosas ejerzan su influencia sobre los seres humanos con sus vidas ejemplares de altas cualidades morales y espirituales y su solidaridad sea motivo de gran bendición, grandeza y consecuencias positivas para la humanidad. Intentad por todos los medios que sus bendiciones se extiendan por todo el mundo; que en cada corazón surja el amor puro a Dios y a los hombres y que de este amor brote una fuente cuyas aguas conformen un gran río de espiritualidad"

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